Tal vez fue un asesinato
Al estruendo fugaz y ensordecedor del portazo le siguieron gritos de furia de Gonzalito. No era su típico alarido con el que ahuyenta a los gemelos del 4E cuando juegan paredón en la puerta de ingreso. Más bien, vociferaba con vehemencia contra alguien que intentaba interrumpirlo, pero él se imponía con sus gritos desesperados.
Hasta que el estallido de los vidrios, quizá de la entrada, silenciaron todo; ya no se sintió ni un murmullo del conserje.
Solo se escuchó que algo -o alguien- se arrastró durante unos tres segundos y, de pronto, mi timbre sonó.
Una voz extraña, muy distinta a la de Gonzalito, preguntó por el citófono: ¿y qué desenlace te vas a inventar?

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