La obra macabra
Y en medio segundo, el perrito que le había querido y protegido durante trece años, se volvió un monstruo, que ni en sus peores pesadillas habría aparecido. Le arrancó media nariz. Quizá fue menos, pero, de todas maneras, el pedazo que le sacó fue suficiente para deformarle tanto su apariencia, hasta el punto en que el mismo perro salió despavorido, asustado de su propia obra macabra.
Él solo quería acariciarle sus costillas, como tanto le gustaba.


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